Con un bolso cargado con el shampoo de perlas, un frasco de perfume, el cepillo de dientes y su esmalte de uñas fucsia, la chica se pasea por la ciudad haciendo de su “transito” el viaje cotidiano que va desde el pasado a ninguna parte.
Del cuello cuelga su Nikon junto a un colgante que dice “Love” comprado en el mercado de San Telmo.
Se lava la cabeza en una peluquería de barrio mientras saca de su cartera la remera de repuesto.
Entre el lave rap y el ciber su agenda del día le asigna a este 1º de noviembre una larga lista de tareas que impunemente quedarán en un lugar imposible de definir… un tramp l' oeil entre el 1º de noviembre y el día siguiente, una colección de instantes que no caben en el calendario, otra vez ese tiempo que no encaja.
Carga sus obligaciones, sus frustraciones o esperanzas en su transporte rodante, “road life”, una carroza devenida en calabaza.
Atravesada por el ojo de alguien, a través de su lente, a través de la ciudad, atravesando el puente de acero iluminado de rosa y cámara al ojo trasciende su profundidad de campo, busca hacer foco, revisa la velocidad de obturación a fin de que entre la luz suficiente para no quemar la gloria, mide con el fotómetro y busca no sub-exponer su mirada, entonces por fin cruza el momento y dispara.
Segundos más, segundos menos, la película se impregnará de deseos no cumplidos, risas amplias de dientes brillantes quedarán congeladas, alguien corriendo podrá parecer estático mientras detrás una cortina de luces barrerá su huída.
Segundos más, segundos menos, la película se impregnará de deseos no cumplidos, risas amplias de dientes brillantes quedarán congeladas, alguien corriendo podrá parecer estático mientras detrás una cortina de luces barrerá su huída.
El recorrido del tiempo. La travesía de los minutos que esperan ser detenidos por algún lente. El trayecto de la chica que no para, no rompe ni quiebra, simplemente Atraviesa. Eso es hoy.
Ella siente Vértigo en su recorrido

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